martes 20 de febrero de 2007

Bordando poesía

1 comentarios:

  1. Hola un gran saludo a la profe ajaja griselda. No he visto mucho este blog pero es muy interesante.
    A continuacion voy a dejarles un cuento corto que escribi hace un tiempo espero q manden sus opiniones a http://fotolog.terra.com.ar/mati2060 o a mi mail mato2060@hotmail.com



    El embrión del Erudito


    Por que es oscuro intentar duplícarnos,
    Y más aún querer ser lo
    Que no somos.


    Oscura razón surcaba en un viento despejado pero intranquilo, doloroso pero certero. El erudito se rascaba la cabeza al comprobar que sus formulas no surtían efecto, su último intento era una gameta deformada por unos rayos peligrosos. Su forma de adquirir conocimientos era única, pero también era sorprendente su fantasía por poder duplicar el ADN de un ser vivo, tanto que la paranoia lo obligaba a transformarse en un ser grotesco y ordinario, sus intentos variaban de monos deformados por pócimas sulfúricas, a hombres de poca monta, mutilados por maquinas irreconocibles, sus ensayos se postraban cada días más nulos, pero su locura crecía a diestra y siniestra.
    En una de sus tenebrosas noches uno de sus núcleos transplantados había comenzado con el desarrollo de un embrión, un clon ni más ni menos, pero sus frustraciones lo habían llevado a la bebida, cuando su embrión comenzó a crecer con el transcurso de los meses, también lo hizo la droga pendencia del científico.
    Luego de una mezcla de alcohol y humo en un bar de mala muerte su amigo más íntimo lo llevo desfallecido a su casa. Abriendo la puerta, entro torpemente recostándolo en su cuarto.
    Al girar la cabeza vislumbró una pequeña luz en el sótano, bajo intranquilo, para saciar su curiosidad, pero lo que vio en lugar de un cuarto, fue un laboratorio de torturas fúnebres, con animales muertos y mutilados por doquier, con un olor a sangre consumida por la humedad, la repugnancia le contrajo arcadas, tapándose con su pañuelo, giró para marcharse del lugar, pero lo que vio a cambio lo dejo blanco como papel. El erudito estaba apoyado contra la puerta de entrada con un hacha de cocina en mano.
    -¿Qué significa esto?- exclamó su amigo. Su propia voz le pareció discordante y extraña.
    -Hace años, cuando no era más que un adolescente- dijo el erudito aplastando sus nudillos con el mango de su hacha-, me conociste, halagaste mi vanidad y me enseñaste a sentirme orgulloso de mí capacidad como científico. Un día me propuse a serlo y comencé con las experimentaciones de clonación, todas fueron desastrosas, con catástrofes perjudiciales para mi mente. Hasta, hace unos meses, que logre el transplante del núcleo al óvulo, ignoro aún si lamento haber comenzado con este suicidio.
    -Me dijiste que experimentabas con células, no con personas.- respondió bruscamente su amigo.
    -Todos llevamos dentro el cielo y el infierno- exclamó el erudito con un desmedido gesto de desesperación. Su amigo se volvió para ver el embrión, le tembló la mano, y la vela cayo de la palmatoria al suelo y empezó a chisporrotear, la apago con el pie, luego se dejó vencer y se desplomó en la desencajada silla cercana a la mesa y escondió el rostro entre las manos.
    El erudito lanzó una ojeada al embrión y, de repente, un odio incontrolable hacia su amigo, se apodero de él, como si se lo hubiese sugerido el embrión mismo, como si se lo hubiera susurrado aquella deformada criatura fetal. Las pasiones salvajes de un animal acorralado se encendieron en su interior, y odió al hombre que estaba sentado en su silla más de lo que había odiado a nada ni a nadie en toda su vida, se movió en dirección a su amigo y dio media vuelta, su amigo se agitó de la silla, como disponiéndose a levantarse.
    El erudito arrojándose sobre él, le hundió el filo de su hacha en la gran vena que se halla detrás del oído, golpeándole la cabeza contra la mesa, y apuñalándolo después repetidas veces.
    Sólo se oyó un gemido sofocado, y el horrible ruido de alguien a quien ahoga su propia sangre. Tres veces los brazos extendidos se alzaron, convulsos, agitando todavía la cabeza contra la mesa. Luego soltó el arma y lloró.
    Se oía el golpear de las gotas de sangre que caían sobre la raída alfombra.
    No podía continuar viviendo, sus relaciones eran cosas del pasado, sus amigos recuerdos lejanos, su novia una pérdida asumida, todo lo llevaba por la maldición del embrión. Sus ideas vagaban en pensamientos ya borrados por una peligrosa obsesión.
    ¡Una vida nueva!, eso era lo que necesitaba. Eso era lo que estaba esperando. Sin duda la había empezado ya. Asesinando a su mejor y único amigo. Se dirigió contra el vidrio donde reposaba el embrión. No se notaba cambio alguno, con la excepción de un brillo en la parte más deformada de la criatura. El embrión seguía siendo tan odioso como siempre. El erudito comenzó a temblar. ¿Era que el deseo apasionado de representar un papel que nos empuja a hacer cosas mejores de lo que nos corresponde por naturaleza había tomado el mando de la paranoia del erudito?
    Y aquel asesinato...¿iba a perseguirlo toda su vida? ¿Siempre tendría que soportar el peso de su pasado?
    Miró a su alrededor, y vio el hacha con la que había matado a su amigo. Brillaba, lanzaba destellos. De la misma manera que había matado a su amigo, mataría a su obra y todo lo que implicaba para la ciencia moderna. Mataría al pasado y, cuando estuviera muerto, él recobraría la libertad. Acabaría con aquella monstruosa vida del alma y recobraría la paz.
    Empuño el arma y con ella apuñaló el vidrio y, luego con furia, al embrión.
    Se oyó un grito y el golpe de una caída. El grito puso de manifiesto un sufrimiento tan espantoso que los criados despertaron asustados. En el interior encontraron, en el suelo, el cadáver del erudito con un rostro repugnante, había muerto y con él su loca obsesión.

    MATO 18/9/05

    11:27 AM

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